martes, 22 de abril de 2025

La universidad ante la austeridad

Quizá alguna persona lectora lo recuerde. Quizá alguien queda que estuvo allí. 1994. La Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla se pone en huelga. Los estudiantes se niegan a asistir a las clases. Rechazan que se impongan los numerus clausus que limitan, aún más, el acceso a los estudios superiores. La propuesta es retirada. Todo retorna a la calma. Hasta 2002. La Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla es ocupada contra la LOU, contra una reforma legislativa que, se decía, suponía la privatización de la enseñanza universitaria. Todo acabó mal. Y todo retornó, también en esta ocasión, a la calma. Luego —pero ya habían pasado más de 5 años, y la población era ya otra— vino el 2008 y las manifestaciones contra el Plan Bolonia. La llamada convergencia europea quizá prometiera importar los métodos de aprendizaje más avanzados de Europa y poner punto final a las formas magistrales de docencia que habían caracterizado gran parte de la enseñanza desde la Edad Media, pero muchos vieron en ella el último golpe de estoque a una universidad asociada al Estado de bienestar.


A la universidad le ocurre como a la mayoría de los centros educativos. Son, para muchos de sus habitantes, una modalidad de eso que Augé llamara «no lugares». Espacios de tránsito. Para quienes la habitan de una forma más estable, es decir para quienes trabajan con contrato fijo en ella, el grueso de la población que la ocupa se renueva constantemente. La gente está solo de paso. Ingresa, protagoniza una escaramuza y, casi inmediatamente después, se encuentra fuera, con o sin título. Desde cierta mirada, la universidad es una fábrica de comités de combatientes en el exilio. Eso hace especialmente difícil la sedimentación de una memoria colectiva. Sin un archivo propio que fije el acontecimiento, este parece disolverse como un azucarillo en el café. Solo el rumor parece capaz de hacer sobrevivir el recuerdo de la luchas. ¿Quiénes, de entre los que ingresaron después del 2002, podrían recordar ese momento extraño en el que la propia Universidad se erigió, desempolvando normativas del pasado, en dispositivo sancionador, en aparato represivo del Estado? ¿Quién, dentro de la Universidad, recuerda a estas alturas las manifestaciones anti-Bolonia?

Es habitual abordar la crítica a la universidad e incluso su historia más reciente desde el relato de las sucesivas reformas que desde los gobiernos han ido imponiéndose, como si se aplicasen sobre una materia pasiva al tiempo que aislada de su entorno como el aire dentro de una burbuja. Atender a las resistencias más o menos organizadas permite, tal vez, observar, por debajo de la institución y a través de ella cómo se configura un espacio de conflicto, todo un campo de relaciones de poder que, este sí, se institucionaliza o, lo que es lo mismo, sedimenta en institución.

En cualquier caso, aquellas manifestaciones del 2008 fueron las últimas luchas en las que los estudiantes tuvieron que levantarse para enfrentar el neoliberalismo. Porque inmediatamente después llegó la crisis y eso lo cambió todo. O, si no todo, sí, al menos, cambió al enemigo. A lo que vino después quizá no hayamos aún sido capaces de darle nombre, pero poco tiene que ver con el ciclo que atraviesa desde 1975 a 2007. Había tenido lugar el colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y, con ello, un movimiento sin precedentes de las clases desfavorecidas norteamericanas. Los pobres, casi del día a la mañana, comenzaron a practicar todos a la vez el impago. A eso los economistas del régimen lo llamaron crisis de las hipotecas subprime o hipotecas basura. Los bancos llevaban años dándoles dinero a los pobres bajo la forma de créditos inmobiliarios y de créditos al consumo en forma de tarjetas de plástico, y ahora los pobres se negaban a devolver lo prestado. El desastre financiero fue sonoro y se contagió a Europa, recayendo sus efectos más brutos sobre los territorios de esos Estados a los que se calificó de CERDOS —entre los que, obviamente, se encontraba el Estado español—.

La crisis alcanza a la universidad española en un contexto de escasa neoliberalización si la comparamos con la universidad de otros países de Europa, como si hubiéramos llegado tarde a la fiesta. Siempre —al menos desde que Holanda arrebatase la hegemonía económica y política del capitalismo internacional a España y Portugal— ocurre esto cuando pensamos en los territorios del sur de Europa. Parece que están a medio camino respecto de otros países, como entre dos polos. Immanuel Wallestein decía que España ocupaba en el sistema-mundo capitalista el lugar de un país semiperiférico. Es decir, que ni era uno de los territorios del centro del sistema mundo ni, estrictamente, un territorio periférico. Según el historiador, las lógicas que gobiernan los territorios semiperiféricos serían híbridas, oscilando periódicamente en función de los ciclos de crecimiento y crisis del capital internacional entre las lógicas de depredación salvaje que afectan a las periferias y las lógicas de explotación reglada propias de los territorios de las zonas centro, no llegándose a realizar plenamente ninguna de las dos lógicas y dando lugar a formas anómalas, puntualmente excesivas.

En este sentido, del mismo modo que el Estado español nunca alcanzó a realizarse en tanto que Estado de bienestar, tampoco lo ha hecho en tanto que Estado neoliberal, o lo ha hecho solo de manera fallida, inacabada o, incluso, monstruosa. Teniendo en cuenta que la implantación de las lógicas neoliberales en Europa coincide prácticamente de lleno con el periodo de la Transición, los conflictos en torno a la universidad desde, cuando menos, los años ochenta han de ser leídos como sendas revueltas contra el proyecto de construcción de un proyecto de Estado neoliberal nunca realizado plenamente y, sin embargo, siempre vuelto a retomar.

A pesar de que es costumbre entre los movimientos antisistémicos asimilar el neoliberalismo al origen de todos los males de una época, lo cierto es que es obligado constatar que el auge de las lógicas neoliberales coincide en el Estado español con la edad de oro de las universidades. Y, en realidad, no solo de las universidades, sino de todo el conjunto de infraestructuras a cargo del Estado. ¿Quién no recuerda a Felipe González congratulándose de que se podía transitar en coche particular desde Burgos a Cádiz sin detenerse en un solo semáforo —siendo que, ironías de la vida, precisamente junto a su antigua casa de Sevilla, permanecía en pie, como el último guerrero tras la batalla, solitario el semáforo del cruce de la carretera de Cádiz, junto a Santa Clara—? Era el tiempo de las grandes inversiones en infraestructuras: autopistas, aeropuertos, líneas ferroviarias, pero también hospitales, cárceles —sobre todo cárceles— y escuelas. Las universidades crecían como setas en tierra mojada. Se llenaban de profesores, estudiantes y personal administrativo gracias al indiscutible efecto riqueza de una economía fuertemente financiarizada. Progresivamente la clase obrera devenía clase media propietaria y los hijos de los antiguos trabajadores accedían repentinamente a la educación universitaria. El lado oscuro de esta misma utopía realizada lo ponía el imparable crecimiento exponencial de carceleros y población penitenciaria.

Análogamente a los procesos de colonización, el desarrollo de la universidad privada, estrictamente neoliberal, estuvo precedido por la expansión dirigida desde el Estado. Solo si todo el mundo quería hacer una carrera y poseer un título superior era posible hacer de los estudios universitarios un nicho de mercado atractivo a la inversión privada y de la universidad una fuente de beneficio económico.

Las luchas estudiantiles de esa época se encuentran definidas a partir de ese marco ambivalente: defendían la implantación y crecimiento de una universidad pública subordinada al proyecto de construcción de un Estado neoliberal al tiempo que rechazaban las dinámicas de privatización y mercantilización de la educación superior propias de esta misma forma-estado. De hecho, ellas mismas eran efecto de la construcción neoliberal que había permitido a unas clases medias portadoras aún de una cierta memoria de las luchas obreras en defensa de lo público acceder a los estudios universitarios. Al fin y al cabo, la utopía neoliberal, como cualquier proyecto de dominación, no podía dejar de producir sus propios monstruos, los focos de rebeldía que la habrían de combatir.

Ahora bien, el proyecto de construcción de una universidad según lógicas neoliberales, si bien incluye tanto el proyecto de privatización de lo público como el de mercantilización del servicio, estos no son sino el resultado de unas transformaciones más profundas en lo referente a la propia dinámica que rige la institución y a quienes en ella habitan. Hasta el punto de que no es difícil imaginar una universidad totalmente pública rigiéndose por principios estrictamente neoliberales. Porque, como han expuesto Larval y Dardot, el neoliberalismo no es simplemente una ideología que prime lo privado frente a lo público, ni aún siquiera el beneficio privado frente al servicio público, sino una racionalidad capaz de organizar tanto lo público como lo privado y, más allá de tal binomio, filtrarse hasta los últimos intersticios de la vida social y colectiva.

La razón neoliberal consiste —dicho de manera demasiado burda y, sin duda, excesivamente simplificada— en someter la realidad a la lógica de competición entre capitales, entendiendo por capital el valor que a sí mismo se valoriza, es decir no la riqueza sino la riqueza capaz de producir más riqueza. En el límite, se trataría de la subordinación de toda actividad al modelo de la actividad empresarial. Poco importa que se trate de un tipo con escasos recursos, una familia adinerada, un colectivo social, una institución pública o una multinacional tecnológica, cualquier elemento, en tanto que capital, está en disposición de competir según dinámicas de producción y acumulación ampliada dentro de su nicho de mercado.

Solo en lo referente a la universidad podemos ver funcionar esta lógica de la competencia entre capitales en varias dimensiones. Yendo de abajo arriba, podemos observar cómo los estudiantes ya no pugnan frente a unos límites prefijados de conocimiento y capacitación cuya superación los habilitaría para la obtención de un título y la realización de una función profesional, sino que pugnan entre sí según criterios de excelencia numéricamente codificados. Del mismo modo, el personal investigador y docente de la universidad compite en puntuaciones derivadas de sus actividades administrativas, investigadoras y docentes. Compiten por publicar en las mejores revistas que, ellas mismas, compiten entre sí por los índices de impacto. A su vez, los departamentos de una misma universidad compiten entre sí, como equipos de una gran empresa, y compiten con sus pares de otras universidades. Las universidades compiten con las otras universidades, etc.

Este marco no es posible sino a partir de la aceptación de, por un lado, un cierto ethos de la excelencia —¿quién, al fin, no quiere hacer mejor aquello que hace?— y, por otro lado, de un conjunto de dispositivos de comparación y catalogación de diferencias. De entre dichos dispositivos hay uno que, sin duda, ha resultado clave: el ranking. El dispositivo-ranking permite evaluar entidades diferentes a partir de criterios homogéneos y clasificar dichas entidades en función del grado de cumplimiento variable. El dispositivo-ranking va fuertemente asociado al mecanismo de autoevaluación, puesto que son centrales cuestiones como el grado de satisfacción en la realización, el grado de consecución de los objetivos que uno mismo se ha planteado, etc.

La posición en el ranking deriva en beneficios que permiten asentar los proyectos y las posiciones relativas mismas. Los mejores estudiantes invertirán en su educación, accediendo a las mejores universidades que, por su posición, contarán con mejores profesores y mayores facilidades de financiación. Ya no se buscará adquirir conocimientos sino, más simplemente, incrementar el capital humano. No hay más profesión que la de empresario de sí.

Pero las dinámicas de acumulación de capitales en función de la subordinación a las lógicas de competición neoliberales colapsan conforme la crisis financiera se desboca y nos alcanza la era de la austeridad. El Estado de austeridad aparece, en primer lugar, como la cara oscura del Estado neoliberal: en él, lo que eran flujos de crédito devienen sujeción por deuda, el empresario de sí deviene hombre endeudado. Se ha acabado el tiempo híperexcitado de la universidad-empresa. Nuevas lógicas se están poniendo en marcha que requieren ser analizadas. El neoliberalismo ha muerto. Es hora de mirar a los ojos a la nueva bestia.

 [Artículo publicado originalmente hace un montón en El Viejo Topo, nº 18]

lunes, 31 de marzo de 2025

El joven Foucault, lector de Nietzsche

 

He participado en este libro, el primero dedicado a los primeros cursos y trabajos de Foucault, con un capítulo sobre la inicial recepción foucaultiana de Nietzsche.

Congreso Internacional La actualidad de Marx

Participaré en este Congreso con una ponencia titulada "El Capital, libro vigésimo tercero". Pulsa en la imagen para acceder a la web del Congreso.

Resumen: Partiendo del diagnóstico althusseriano que celebrara la crisis del marxismo y de la subsiguiente multiplicación de las representaciones de El Capital, se indagará en la obra cumbre de Marx en tanto que artefacto literario sin menoscabo de su adscripción a los géneros de la literatura filosófica, política o científica y obra de ficción sin que esto vaya en detrimento de su valor de verdad plegando, en un tour de force tal vez excesivo, su texto sobre el de la Odisea de Homero. El Capital no sería, entonces, el relato de una moderna guerra de Troya ni, por tanto, de la guerra de clases, sino el de las aventuras del sujeto moderno, polytropon, que no parece ser otro que el sujeto automático del capital. La atención se centrará, a partir de ahí, en algunos de los problemas que presenta el capítulo vigésimo tercero, entendiendo, tal y como hicieran los eruditos alejandrinos para el caso de la Odisea, que este sería el canto final. El análisis detallado del texto marxiano, que no eludirá la obligada descripción de los desajustes teóricos que lo atraviesan, nos dejará ante la pregunta que Adorno se hiciera ─¿Qué fue de Ulises?─ y que apunta a definir el destino y, por tanto, la naturaleza del personaje. ¿Es nuestro moderno Odiseo, tal y como Borges señaló se derivaría de la interpretación de Dante, semejante al capitán Ahab, un personaje que, arrastrado por la compulsiva persecución de la ballena blanca de la acumulación, no se dirige sino hacia su propia aniquilación? El abordaje que proponemos de El Capital de Marx, en tanto que devalúa la consideración de esta obra como el lugar de la Verdad ─con mayúscula─ para resituarlo en el espacio de una verdad con minúscula, justifica la consideración del texto en su materialidad significante y, por tanto, en tanto que objeto de disputa, uso o apropiación, al tiempo que habilita la reivindicación paralela, es decir, no excluyente, de otros Marxs tales como el que se propondría en los llamados libros históricos, muy especialmente en La guerra civil en Francia, donde, al contrario de lo que sucede en El Capital, adquiere centralidad la descripción estratégica de la lucha de clases.

jueves, 11 de abril de 2024

martes, 9 de abril de 2024

La universidad ante el genocidio

LA UNIVERSIDAD ANTE EL GENOCIDIO será el título de la conferencia de Francesca Albanese, Relatora Especial de NNUU, en la conexión simultánea con las universidades del Estado español que tendrá lugar el próximo miércoles 10 de abril a las 12:00h.


El próximo 10 de abril de 2024 a las 12:00h, Francesca Albanese (Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967 y autora del reciente informe "Anatomía de un genocidio") expondrá un análisis de la situación en Gaza y Cisjordania a la luz del Derecho Internacional, análisis que nos permitirá discutir "qué y cómo hacer" para cumplir, como miembros de la comunidad universitaria, con la obligación moral, legal y política que toda sociedad debe asumir ante una situación como ésta.


Aunque la lista sigue creciendo y esperamos superar los 50 actos en más de 40 Universidades, las instituciones ya confirmadas en las que tendrá lugar este acto simultáneo son A Coruña, Alacant, Almería, Autònoma Barcelona, Autónoma Madrid, Barcelona, Carlos III Madrid, Cádiz, Castilla La Mancha, Complutense, Girona, Granada, Illes Balears, Jaén, Jaume I Castelló, La Laguna, Las Palmas de Gran Canaria, León, Lleida, Málaga, Murcia, UNED, Oviedo, Pablo de Olavide, País Vasco/ Euskal Herriko Unibertsitatea (tres campus), Politècnica Catalunya, Politécnica Madrid, Pompeu Fabra, Pública de Navarra, La Rioja, Salamanca, Santiago de Compostela, Sevilla, Valencia (tres campus), Valladolid, Vigo y Zaragoza.


La Red Universitaria por Palestina convoca a la comunidad universitaria del Estado español a exigir con una sola voz una respuesta digna y ajustada al Derecho Internacional de parte de nuestras instituciones frente al genocidio perpetrado por la Ocupación Israelí en Palestina. Invitamos a nuestros compañeros y compañeras en todas las universidades, campus, facultades y departamentos, a sumarse a esta iniciativa e implicarse en su objetivo último: EXIGIR QUE LA CONFERENCIA DE RECTORES Y EL MINISTERIO DE UNIVERSIDADES CUMPLAN CON LAS OBLIGACIONES QUE IMPLICA TOMAR EN SERIO LA LEGALIDAD INTERNACIONAL, REVISANDO, SUSPENDIENDO O CANCELANDO LOS ACUERDOS Y PROYECTOS DE COOPERACIÓN CON EMPRESAS E INSTITUCIONES DEL ESTADO DE ISRAEL, COMO EXPLICAMOS EN ESTE VIDEO.


Más argumentos en los siguientes artículos:

https://www.elsaltodiario.com/opinion/ellos-no-existen-universidad-genocidio-palestina

https://www.elsaltodiario.com/opinion/gaza-lo-inhabitable

https://www.eldiario.es/catalunya/genocidio-sera-televisado-universidades-permaneceran-silenciadas_129_10895148.html

https://www.elsaltodiario.com/opinion/universidad-genocidio-guardianes-academicos-prosperidad



sábado, 20 de enero de 2024

Insha'Allah

Palestinian National Liberation Movement must be prepared to fill the void after the collapse".

Ilan Pappé

Vivimos en el oscuro y peligroso tiempo de la victoria
palestina, del fin del proyecto sionista
que creyó poder levantar sobre las ruinas del colonialismo inglés
una Nueva Jerusalén con las herramientas del amo.
La guerra civil previa al 7 de octubre,
el apoyo internacional sin precedentes a las luchas antiapartheid,
la sombra de la crisis económica que se cierne sobre Israel,
la incapacidad de las fuerzas de ocupación para proteger a los colonos
y la pérdida de legitimidad entre las nuevas generaciones judías
lo indican con claridad. Los signos están dados.
De debajo de los escombros que en Gaza ha dejado el misil
extraen a un niño semiinconsciente que antes de despertar
levanta sus deditos en señal de triunfo.
El Paráclito está entre nosotros. ¿Acaso no lo veis?
El tiempo de la ocultación toca a su fin,
pero el Mahdi prometido sólo llega para quien está preparado.
Caminamos por el valle de los huesos secos. Hay que acelerar el paso.
 
[El poema ha sido escrito para ser leído en el acto Poesía por Palestina. Versos contra el Genocidio]

sábado, 15 de abril de 2023

Urko. La otra filosofía


El acto de presentación de Urko. La otra filosofía siguió un patrón idéntico al de la famosa conferencia impartida por Sartre a las 21:30h del 29 de octubre de 1945, y que Anne Cohen-Solal describe como un "éxito cultural sin precedentes. Atropellos, golpes, sillas rotas, mujeres desmayadas". 

Como entre nuestros acompañantes ilustres estuvo mi admirado Toni Tello, dueño de Greta, una combativa perra salchicha, y traductor de Boris Vian, quizá resulte prudente quedarnos más bien con la descripción que hiciera el ingeniero francés de aquella conferencia, y que sin duda se aproxima mucho mejor a la realidad de lo que sucedió ayer: los asistentes llegaban "en coche fúnebre", "se tiraban en paracaídas desde un avión especial", "otros, por fin, intentaban llegar por las alcaltarillas". Un sindios, vaya. 

Lo mejor, sin duda, fue ver a tanta gente querida arremolinada en torno a la gran mesa de libros de la librería Antígona y poder escuchar a David Mayor hablar de la jauría extrañísima que forman Bobby, el último kantiano de Alemania, Gaston, el compañero de Derrida, y Urko. Lo más ridículo, las dos o tres ocasiones en las que se me quebró la voz al rememorar a mi perro muerto. No fue porque yo sea, que, efectivamente, lo soy, un sentimental, sino porque por debajo de la mesa el fantasma de Urko me estaba mordiendo la espinilla. Creo que la ceremonia resultó políticamente consistente y entrañable a la vez que divertida. Gracias a quienes vinisteis.
 
[La presentación tuvo lugar el jueves, 13 de abril de 2023, en Zaragoza]

Pablo Lópiz Cantó

Para una filosofía de la inmanencia