Una nueva esfinge se ha apostado a las puertas de Tebas. ¿Qué son estas revueltas que se extienden desde hace días por Europa? Un nuevo ciclo de conflictividad ha tomado forma siguiendo modalidades diferenciadas dependiendo del lugar y las tácticas empleadas. No está ni mucho menos claro que haya un hilo conductor que una las distintas luchas salvo que, como es habitual, la civilización occidental comienza a mostrar frente a todo lo que la impugna su rostro siniestro. Del otro lado, el rechazo a la policía, primer signo de cualquier proceso de construcción de autonomía, adquiere consistencia. Los próximos 5 de noviembre en Francia, 11 en España y 20 en Italia hay sendas huelgas generales convocadas. Las movilizaciones en Madrid y, en menor medida, en otras ciudades del Estado en defensa del derecho a la vivienda han llevado al gobierno del Partido Socialista en coalición con la izquierda de toda la vida -Partido Comunista y agrupaciones adyacentes-, a adelantar las elecciones, que tendrán lugar el 29 de noviembre. El tiempo histórico, una vez más, se acelera, aproximándose al tiempo impaciente de las expectativas de la vida cotidiana. Hasta hace apenas un mes parecía que viviéramos en un mundo de fascistas. En menos de tres semanas la ultraderecha ha perdido el protagonismo del que gozaba. Sin embargo, la disputa por la hegemonía está lejos de estar cerrada. Parecía que caminábamos indiferentes hacia el desastre. Una corriente de aire ha abierto la ventana.
A cada manifestante un eslogan.
