Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía Antigua. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía Antigua. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de diciembre de 2015

Disenso

El acto de pensar, me parece que, efectivamente, no es sino un diálogo que el alma mantiene consigo misma, interrogando y respondiendo, y afirmando y negando.
Platón, Teeteto, XXXII, 190.

jueves, 27 de agosto de 2009

Pólemos

"...no son las guerras otra cosa que operaciones lógicas diversas de determinación por dependencia y de definición de identidad, esto es, de establecimiento y salvaguarda de fronteras entre entidades que, para ser cada una lo que es y todas en conjunto todas, necesitan diferenciarse mutuamente, determinarse una por otra por regulación de mutua dependencia, quedar unas comprendidas dentro de otras según buena ordenación jerárquica, ocupar cada cual el puesto que en el conjunto le corresponde, y en la prosecución sucesiva del proceso, asimilar cada una a las otras o dejarse asimilar por otra, para, con la transformación, asegurarse de o bien seguir siendo la misma o bien desaparecer".
A. García Calvo, Razón Común. Edición crítica, ordenación, traducción y comentario de los restos del libro de Heráclito.

viernes, 26 de junio de 2009

Contracorriente

"Regio es obrar bien y oír hablar mal de uno".
Marco Aurelio, Meditaciones, VII, 36.

viernes, 6 de febrero de 2009

Diógenes desde el infierno

En el Hades, en cambio, no dejarás de reírte a carcajadas como yo ahora, sobre todo cuando veas a los ricos, a los sátrapas, a los tiranos, tan humildes e insignificantes, a los que sólo se puede reconocer por sus lamentos, y adviertas cómo están de envilecidos y acobardados recordando su vida en la tierra.
Luciano de Samósata, Diálogos de los muertos, I

jueves, 29 de enero de 2009

Fascinación y verdad

Acaso otros me hayan fascinado. Los epicúreos, con su producción de comunidad, con aquellos jardines en que soñara la placidez de una vida por entero dedicada a la supresión del irracional miedo, al estudio de la realidad, a la intensidad de placeres naturales, también de los goces contingentes capaces de estremecer una existencia forjada exclusivamente de fragmentos mínimos de corporalidad. Me han sorprendido los cínicos, esos héroes luminosos que a través de los siglos y los territorios desplegaran su ejemplaridad, el escándalo y la desvergüenza como atajo hacia la virtud, el ejercicio ascético como prueba constante mediante la que dar testimonio de la verdad. La narración de Dión del encuentro entre Diógenes y Alejandro me produce un estupor que me es imposible describir. Sin duda me han fascinado otros. El manto púrpura de Aristipo, su saber que también el sabio puede ser infeliz. Sócrates ironizando frente al tribunal que, incapaz de razón, le da muerte. Aristóteles y su teoría del alma, forma del cuerpo, Aristóteles, su percepción del ser y su peculiar exaltación de una política fundada en la amistad. Protágoras el agnóstico. Gorgias. E incluso el antidogmático Platón que fundara la Academia y conviviera con Eudoxo y Espeusipo, y abocara a la escuela al escepticismo más acerado, a la quiebra irreparable que impone Arcesilao. Muchos me han fascinado. Hasta las sectas gnósticas y los grupúsculos herméticos, hasta los monofisitas ya herejes, y los nestorianos, encargados de preservar el saber antiguo en el espacio liso del desierto oriental. Acaso haya sido excesiva la admiración que sobre mi ejercieran semejantes estilos de vida y pensar. Sin embargo, ahora, tras la ilusión acongojada de ser de otro modo que de las lecturas emergiera, tal vez hubiera llegado el momento de detenerse a constatar la filosofía vivida, la mía, la nuestra, aquella que con altas dosis de inconsciencia y un ejercicio continuado no hemos dejado de practicar. El pirronismo, esa opción radical por la apariencia de ser como todo el mundo, ese saber que no hay sino lo indecidible, ni virtud ni maldad, que sólo resta reconocer nuestra ignorancia y que el saberlo nada cambia, mucho menos la vida. El saber que el filósofo, finalmente, no es diferente de los demás que persisten gozosos en su estulticia, en sus vanas ficciones. Que sólo resta insistir en el fingimiento de no saber que se sabe que nada se sabe. Abandonarse a la vida vulgar. Elegir un trabajo, un alquiler, la monótona cotidianidad. Si la filosofía es elección originaria, estilo de vida, al fin, acaso sea ya tiempo de reconocer que hemos vivido conforme a Pirrón de Élide: según esa opción filosófica que consistiera en vivir en función del modo de vida de los no filósofos, a la manera del estúpido que, sin saber, cree saber, que, en definitiva, no sabe siquiera de su propia ignorancia. Probablemente, reconocerlo sea la última vía abierta que nos quede para escapar de la angustia, hacia la afasia y la imperturbabilidad, únicas formas de virtud y libertad.

martes, 13 de enero de 2009

La filosofía en las calles


Las apariencias son una visión de las cosas oscuras. (Lo que se ve abre la visión de lo invisible).
Anaxágoras, en Kirk y Raven Los filósofos presocráticos, 510.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Moderación

Preciso es que quien quiera tener buen ánimo no sea activo en demasía, ni privada ni públicamente, ni que emprenda acciones superiores a su capacidad natural. Debe, más bien, tener una precaución tal que, aunque el azar le impulse a más, lo rechace en su decisión y no acometa más de lo que es capaz, pues la carga adecuada es más segura que la más grande.
Demócrito, en Kirk y Raven Los filósofos presocráticos, 593.

miércoles, 11 de junio de 2008

El alma, parte del cuerpo

La naturaleza del espíritu y el alma es corporal. Pues cuando vemos empujar los miembros, arrancar del sueño el cuerpo, alterar el rostro, gobernar y manejar al individuo entero, nada de lo cual sabemos que podría hacerlo sin tocarlo, y que no hay tocar sin cuerpo, ¿no hay que admitir que espíritu y alma están hechos de naturaleza corporal? De otra parte, adviertes que en nosotros el espíritu se desenvuelve a la par que el cuerpo y junto con él siente: si no choca con la vida la erizada fuerza del dardo, metiéndose dentro entre huesos y tendones desgarrados, se sigue con todo una languidez y un dulce caer a tierra y un ardor que al desmayado le nace y a ratos algo así como un deseo indeciso de levantarse. Luego la naturaleza del espíritu es forzoso que sea corporal, ya que padece con dardos y heridas corporales.
Lucrecio, De rerum natura.

martes, 3 de junio de 2008

Heracles


El ideal cínico de vida no es otro que el representado por Heracles: la existencia como prueba constante, como esforzado ejercicio, como desafío.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Diógenes contra Alejandro

Tú mismo eres para ti mismo enemigo, el más irreconciliable y el más temible, mientras seas a la vez vicioso y necio.
Dión de Prusa, De la realeza IV, 56.

viernes, 23 de mayo de 2008

Elogio de la duda

Pirrón consideraba la afasia y la ataraxia y, según una expresión que parece haberle sido más familiar, la adiaforia y la apatía, como el último término al cual deben tender todos nuestros esfuerzos. No tener opinión ni sobre el bien ni sobre el mal: ese es el medio de evitar todas las causas de la inquietud. La mayor parte de las veces, los hombres se hacen desgraciados por su culpa; sufren porque están privados de lo que creen que es un bien, o porque, poseyéndolo, temen perderlo, o porque sufren lo que creen que es un mal. Suprimid toda creencia de este género, y todos los males desaparecen. La duda es el verdadero bien.
V. Brochard, Los escépticos griegos.

lunes, 12 de mayo de 2008

Epicureísmo romano

Mañana, a partir de las tres, querido Pisón,/ tu amigo, amante de la poesía, te invita a su modesta casa a cenar/ por el aniversario del día veinte. Aunque no vayas a encontrar/ ubres, ni brindis con vino de Quíos,/ sí tendrás a la vista a tus amigos, sí escucharás historias/ mucho más agradables que las de la tierra Feacia./ Y si alguna vez vuelves tu mirada hacia mí, Pisón/ celebraremos un día veinte ya no frugal, sino más sustancioso.
Filodemo de Gadara, Invitación para una cena.

sábado, 10 de mayo de 2008

Posesión demoníaca

El punto absolutamente esencial, en este método irónico, es el camino que recorren juntos Sócrates y su interlocutor. Sócrates finge tener que aprender algo de su interlocutor: en esto consiste precisamente la autodesvalorización irónica. Pero, de hecho, mientras parece identificarse con su interlocutor, mientras parece adoptar por completo su discurso, al final, el interlocutor es quien, inconscientemente, adopta por completo el discurso de Sócrates, se identifica con él, es decir, no lo olvidemos, con la aporía y la duda: pues Sócrates no sabe nada, sólo sabe que no sabe nada. Una vez concluida la discusión, el interlocutor no ha aprendido nada. E incluso, ya no sabe nada en absoluto. Pero, a lo largo de la discusión, ha experimentado en qué consiste la actividad del espíritu; es más, se ha convertido en el propio Sócrates, es decir, en la interrogación, el cuestionamiento, el distanciamiento consigo mismo, es decir, en definitiva, la conciencia
P. Hadot, Elogio de Sócrates.

martes, 6 de mayo de 2008

Mística materialista

La amistad recorre en danza el mundo habitado y, como un heraldo, nos da a todos la proclama de que despertemos a la celebración de la felicidad.
Epicuro, Sentencias Vaticanas, 52.

martes, 4 de marzo de 2008

Aristipo de Cirene (c. 433-350 a.C.)

En cualquier parte extranjero (xénos), Aristipo fue el fundador de un hedonismo dinámico, positivo. Considera que tanto el placer como el dolor son movimientos, el uno suave y el otro áspero. La ausencia de dolor, al igual que la de placer, no reflejaría sino un estado neutro, indiferente desde el punto de vista moral. Sólo los modos activos de la sensibilidad permitirían asentar los principos prácitcos de la conducta, la dimensión ética, exclusivo ámbito del que resulta oportuno ocuparse mediante el estudio. Únicamente a partir de ellos se haría posible inventar un modo de ser virtuoso, acometer la elección de vida conforme a la razón y, en definitiva, fundar una existencia filosófica.

Pablo Lópiz Cantó

Para una filosofía de la inmanencia