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sábado, 19 de diciembre de 2015

Disenso

El acto de pensar, me parece que, efectivamente, no es sino un diálogo que el alma mantiene consigo misma, interrogando y respondiendo, y afirmando y negando.
Platón, Teeteto, XXXII, 190.

Dentro algo baila

Amo los gestos imprecisos,/ uno que tropieza, otro /que golpea el vaso, /el que no recuerda/ a los distraídos, el centinela /que no sabe parar el latido/ breve de los párpados,/ los tengo en el corazón/ porque en ellos veo el temblor,/ el chasquido familiar/ el mecanismo roto.

Valerio Magrelli, Nature e venature, trad. D. Mayor.

lunes, 3 de agosto de 2015

La reina de los piratas

«La reina de los piratas irlandeses, Grace O'Malley, la que "fue ama de cría de todas las rebeliones durante cuarenta años" mandaba en un colectivo de seguidores heterogéneo pertenecientes a distintos clanes y aterrorizó por todas partes a los comerciantes hasta su muerte acaecida en 1603. En 1607 una mujer llamada "capitán Dorothy" dirigió a treinta y siete mujeres que blandían cuchillos y arrojaban piedras contra los cercados de Kirkby Malzeard en el North Riding de Yorkshire».

Peter Linebaugh & Marcus Rediker, La hidra de la revolución, Barcelona, Crítica, 2005, p. 81.


miércoles, 19 de febrero de 2014

La traición de Clitemnestra

«tú que eres y serás / cuando yo ya no sea  /
X sordo / mazo gigante / rompiendo mi cabeza»
G. Bataille, La Orestiada


«Una vez que Perséfona casta por varios caminos
Retiró de mi vista las almas de aquellas mujeres,
Vino Agamenón, el Atrida; llegaba sumido
En tristeza y en torno reuníanse las almas de aquellos
Que su sino cumplieron con él en las casas de Egisto.
Conocíome al momento que en mí se posaron sus ojos
Y clamó en alta voz derramando espesísimo llanto.
A mi encuentro tendiendo las manos trató de [abrazarme,
Mas faltaba del todo ya en él la indomable energía
Y el vigor que otro tiempo animara sus ágiles [miembros.

Brotó el llanto en mis ojos al verle, apiadóse mi alma
Y, dejándome oír en aladas palabras, le dije:
“¡Gloriosísimo Atrida, oh tú, Agamenón soberano!
¿Qué destino te vino a abatir en la muerte penosa?
¿Fue quizá Posidón quien dio fin a tu vida en las naves
Suscitando las ráfagas fieras de vientos adversos
O matáronte en tierra los enemigos al tiempo que [hacías
De sus bueyes botín o sus pingües rebaños? ¿O en la lucha
Sucumbiste por una ciudad o por bellas mujeres?”

Tal hablé. Sin hacerse esperar contestó por su parte:
“¡Oh Laertíada, retoño de Zeus, Ulises mañero!
En verdad no acabó Posidón con mi vida en las naves
Suscitando las ráfagas fieras de vientos adversos
Ni me dio muerte en tierra tampoco ningún enemigo;
Que fue Egisto el que urdió consumar mi ruina de acuerdo
Con mi pérfida esposa. Invitado a su casa, en la mesa
Me mató como matan a un buey de cara al pesebre
Con la muerte más triste; y en torno también uno a uno
Sucumbieron mis hombres. Así colmilludos jabatos
Van muriendo en la casa de un noble opulento en los días
De comidas a escote, de bodas, de ricos festines.
Tú ya has visto, sin duda, morir multitud de varones
Tanto en lid singular como en recios combates de guerra;
Pero nunca sentiste una tal compasión cual te hubiera
Embargado si allá entre las jarras y mesas repletas
Nos miraras yacer en el piso humeante de sangre.
Oí, en esto, la voz lastimera de la hija de Príamo,
De Casandra, a la cual sobre mí la falaz Clitemnestra
Daba muerte; expirante ya en torno al cuchillo, los brazos
Intenté levantar, mas en vano. Y aquella impudente
Apartóse y no quiso, ni viéndome ir al Hades,
Con sus manos mis ojos cubrir ni cerrarme los labios.
En verdad que no hay nada más fiero ni más miserable
Que mujer que tamañas acciones prepara en su pecho,
Como el crimen inicuo que aquélla ideó de dar muerte
Al esposo, señor de su hogar. ¡Y yo, en tanto, pensaba,
Al llegar a mi casa de nuevo, gozar del cariño
De mis hijos y siervos! Sin par en su mente perversa,
La ignominia vertió sobre sí y, a la vez, sobre todas
Las mujeres, aun rectas, que vivan de hoy en el mundo.”
De ese modo él habló y, a mi vez, contestándole dije:
“¡Oh desgracia! De antiguo ya Zeus, el de amplia mirada,
Al linaje de Atreo con saña persigue ayudando
Mujeriles designios: Helena perdiónos ya a muchos
Y ahora a ti de tan lejos urdió su traición Clitemnestra.”

Tal hablé. Sin hacerse esperar contestándome dijo:
“Así, pues, no seas tú, por tu parte, remiso tampoco
Con tu esposa ni le hagas saber todo aquello que pienses;
Dile sólo una parte y esté lo demás bien oculto.
Mas, ¡oh Ulises!, a ti no te vendrá por tu esposa la muerte,
Que de mente bien cuerda y honrado sentir en el pecho
Es la hija de Icario, Penélope, insigne en prudencia:
Desposada en su flor juvenil la dejamos nosotros
Al partir a la guerra y un niño tenía en su regazo
Tierno entonces aún, mas que ya entre los hombres se cuenta.
¡Bienhadado! Su padre ha de verlo una vez que allí llegue
Y él también, como es ley, echaráse en los brazos del padre,
Mientras ella, mi esposa, impidió que saciara mis ojos
Contemplando a mi hijo: primero acabó con mi vida.
Otra cosa te habré de decir, tú reténla en tu mente.
A escondidas y no al descubierto dirige a tu patria
El bajel: no es posible hoy más confiar en mujeres.»

Odisea, XI, 385-456.

martes, 15 de enero de 2013

G. Canguilhem homenajea a Jean Cavaillès

En estos tiempos oscuros en los que la enseñanza de la filosofía está, una vez más, en riesgo, me entretengo en la traducción, seguro imperfecta, de uno de esos textos que, desprendiendo una luz extraña, acompañan, no la escritura, sino la vida. Del texto que, en 1969, en una defensa escasamente velada de Foucault frente al ataque de los sartreanos, Georges Canguilhem dedicase a la memoria de su compañero en la Resistencia, el filósofo Jean Cavaillès:

"Contar lo que he visto y conocido de Jean Cavaillès tras nuestro encuentro en la Escuela Normal Superior sería demasiado largo. Al abreviarla, esta materia se volvería insignificante. 

Así que contaré simplemente qué idea me hago de la relación entre su persona y su acción en la Resistencia. Antes que nada, insisto sobre el hecho de que, para Cavaillès, la Resistencia ha sido un imperativo puro y simple, sin mezcla. No ha sido uno de esos que ha respondido a un Llamamiento porque esperaba un Llamamiento. No era un fuera de la ley por razones raciales o políticas. Él ha elegido la Resistencia con plena libertad de decisión y, sin embargo, de acuerdo a una exigencia que le habitaba. Probemos a explicar porqué. 

Cavaillès fue un filósofo del rigor. Para él la filosofía se emparentaba antes con las matemáticas que con la literatura. Pensaba que filosofar es demostrar más bien que hacer confidencias sobre la propia subjetividad. 

Cavaillès era un buen conocedor de la situación alemana en los años treinta. Había vivido en Alemania como becario de la fundación Rockefeller. No ignoraba ninguna de las causas, motivaciones ni objetivos del nazismo. 

Cavaillès era de origen protestante e hijo de oficial. Siendo estudiante, no compartía las opiniones antimilitaristas y pacifistas de muchos de entre nosotros en esa generación. 

Sabido esto, podemos comprender que Cavaillès ha sido Resistente por lógica. La deducción es fácil. Y porque él la ha conocido, no es imaginaria. El nazismo era inaceptable en la medida en que era la negación, salvaje en lugar de erudita, de la universalidad, en la medida en que anunciaba y buscaba el fin de la filosofía racional. Así pues, la lucha contra lo inaceptable era ineluctable. Y por lucha no hay que entender la indignación cuchicheada en los pasillos, el boca a boca patriótico ni el buzoneo de octavillas reivindicativas. Por lucha hay que entender el combate con las armas en la mano. Y por armas, todas las armas. He aquí pues un intelectual que, sin coacción en lo que se refiere a su situación personal, por una elección totalmente libre, se hace jefe de red, en primer lugar y siempre pagando con su persona, jefe de agentes de información, de artificieros, de saboteadores. Un jefe ejecutante, un filósofo terrorista: he aquí Cavaillès. La fachada de profesor de lógica de la Sorbona tras la cual disimula al principio la única actividad que tiene en el corazón no dura mucho. En adelante, la única actividad filosófica de este lógico se ejercerá en prisión, en un campo de internamiento francés del cual, por otro lado, se evade para retomar donde la había dejado la lucha clandestina que entrañará de nuevo su arresto, pero esta vez por los alemanes, y esta vez definitivamente. La lógica es implacable. En la tenacidad de Cavaillès hay algo aterrador. Es una figura única. Un filósofo matemático cargado de explosivos, lúcido y temerario, resuelto pero sin optimismo. Si eso no es un héroe, ¿qué es un héroe? 

Hablar de él no tiene lugar sin cierto sentimiento de vergüenza, puesto que, si se le ha sobrevivido, es porque se ha hecho menos que él. Pero si no se habla de él, ¿quién sabría diferenciar entre ese compromiso sin reservas, entre esa acción sin retaguardia, y la Resistencia de esos intelectuales resistentes que hablan tanto de sí mismos porque sólo pueden hablar de su Resistencia, de tan discreta que fue? 

Actualmente, algunos filósofos ponen el grito en el cielo, indignados, porque algunos otros filósofos han formado la idea de una filosofía sin sujeto personal. La obra filosófica de Cavaillès puede ser invocada en apoyo a esta idea. Su filosofía matemática no ha sido construida por referencia a ningún sujeto susceptible de ser momentánea y precariamente identificado con Jean Cavaillès. Esta filosofía de la que Jean Cavaillès está radicalmente ausente ha comandado una forma de acción que le ha conducido, por los estrechos caminos de la lógica, hasta ese pasaje de donde no se vuelve. Jean Cavaillès es la lógica de la Resistencia vivida hasta la muerte. Ojalá los filósofos de la existencia y de la persona procedan del mismo modo la próxima vez, si pueden".
Georges Canguilhem, "Commémoration a l'ORTF. France-Culture, 28 octobre 1969", en Vie et Mort de Jean Cavaillès, Paris, Editions Allia, 2004. 

martes, 9 de agosto de 2011

Mensaje entrecortado...

...de un insurgente a sus compañeros de Londres:

"Si tuviéramos que decidir ahora sobre si era o no conveniente empuñar las armas, incendiar y saquear las casas de nuestros conciudadanos... yo sería uno de los que estimaría que había que pensarlo bien y quizá hasta aprobaría que se prefiriera una tranquila pobreza a una peligrosa ganancia. Pero, puesto que las armas las hemos empuñado ya y se han cometido muchos desmanes, me parece que lo que debemos pensar es que no hay por qué abandonarlas ya y cómo podemos hallar defensa para los males que se han cometido. Yo creo sin ningún género de dudas que esto, aunque no nos lo diga nadie, nos lo dice nuestra misma necesidad. Estáis viendo a toda esta ciudad llena de rencores y de odio contra nosotros... Podéis creer que se traman lazos contra nosotros y que se aprestan fuerzas contra nuestras cabezas. Debemos por tanto tratar de obtener dos cosas y proponernos dos fines en nuestras deliberaciones. El primero es que no se nos pueda castigar por lo que hemos hecho en los días pasados; y el segundo, que podamos en adelante vivir con más libertad y más satisfacción que en el pasado; nos conviene por tanto, según mi parecer, si queremos que se nos perdonen los anteriores desmanes, cometer otros nuevos, redoblando los daños y multiplicando los incendios y los saqueos, y apañándonos para tener muchos más cómplices, porque, cuando son muchos los que pecan, a nadie se castiga; y a las faltas pequeñas se les impone una sanción, mientras que a las grandes y graves se les da premios. Por otra parte, cuando son muchos los que padecen atropellos, son pocos los que tratan de vengarse, porque los daños que afectan a todos se soportan con más paciencia que los particulares. El aumentar, por tanto, los males nos hará perdonar más fácilmente y nos dará la posibilidad de conseguir lo que deseamos obtener para nuestra libertad. Y me parece que vamos hacia seguros resultados, porque los que podrían oponérsenos están desunidos y son ricos. Su desunión nos dará la victoria; y sus riquezas, una vez que sean nuestras, nos servirán para mantener dicha victoria. No os deslumbre la antigüedad de su estirpe, de la que presumen ante nosotros, porque todos los hombres, habiendo tenido un idéntico principio, son igualmente antiguos, y la naturaleza nos ha hecho a todos de una idéntica manera. Si nos quedáramos todos completamente desnudos, veríais que somos iguales a ellos; que nos vistan a nosotros con sus trajes y a ellos con los nuestros y, sin duda alguna, nosotros pareceremos los nobles y ellos los plebeyos; porque son sólo la pobreza y las riquezas las que nos hacen desiguales. Me duele mucho porque veo que muchos de vosotros se arrepienten, por motivos de conciencia, de las cosas hechas, y quieren abstenerse de las que vamos a acometer. De verdad que, si eso es cierto, vosotros no sois los hombres que yo creía que erais. Ni la conciencia ni la mala fama os deben desconcertar, porque los que vencen, sea cual sea el modo de su victoria jamás sacan de ésta motivos de vergüenza. En cuanto a la conciencia, no debemos preocuparnos mucho de ella porque donde anida, como anida en nosotros, el miedo del hambre y de la cárcel, no puede ni debe tener cabida el miedo del infierno. Y es que, si observáis el modo de proceder de los hombres, veréis que todos aquellos que han alcanzado grandes riquezas y gran poder, los han alcanzado o mediante el engaño o mediante la fuerza; y, luego, para encubrir lo ilícito de esa adquisición, tratan de justificar con el falso nombre de ganancias lo que han robado con engaños y con violencias... Se debe, pues, emplear la fuerza siempre que se presente la ocasión; y esa ocasión no nos la puede ofrecer mejor la fortuna, estando como están desunidos todavía los ciudadanos... De este modo, o quedaremos enteramente dueños de esta ciudad o conseguiremos una parte importante de ella, que no solamente se nos perdonarán las faltas pasadas sino que tendremos fuerza suficiente para poder amenazarlos con nuevos daños... Además yo creo que, cuando vemos que nos preparan cárceles, tormentos y muerte, es más peligroso estarse quietos que el tratar de librarse de ellos, porque en el primer caso los males son seguros mientras que en el segundo son solo posibles. ¡Cuántas veces os he oído quejaros de la avaricia de vuestros superiores y de la injusticia de vuestros magistrados! Ahora es el momento no solamente de libraros de ellos, sino incluso de poneros tan por encima de los mismos, que sean más bien ellos los que tengan que quejarse y dolerse de vosotros, que no vosotros de ellos. Las oportunidades que la ocasión nos brinda pasan volando y, una vez que han pasado, es inútil que tratemos luego de alcanzarlas. Ya veis los preparativos de vuestros enemigos. Adelantémonos a sus planes..."
Arenga de un miembro anónimo de la plebe durante la revuelta de los Ciompi, en Florencia, en 1378. Cf. N. Maquiavelo, Historia Florentina, Libro III, cap. XIII. He usado la traducción de Félix Fernández Murga, de la selección de textos que editase Capitan Swing bajo el título de Florencia Insurgente.

martes, 18 de enero de 2011

El mundo no es de los hombres

Mrs. Ícaro

No soy la primera ni la última
en permanecer sobre una loma
viendo al hombre con el que se casó
demostrar al mundo
que es un total, completo, absoluto, Sobresaliente
[gilipollas.

Carol Ann Duffy, The World's Wife
Mi torpeza a la hora de traducir poesía me obliga a escoger (para minimizar los destrozos) uno de los más breves poemas del fascinante libro de Carol Ann Duffy, El mundo de las esposas. En él, la escocesa afincada en Manchester desgrana voces que apenas sí habíamos sospechado existieran. Voces de mujeres que traicionan la perspectiva de los héroes que configuran nuestro imaginario. Los héroes de la mitología griega o cristiana. Pero también los héroes de nuestra historia reciente. Nuestras últimas mitologías. Elvis o Darwin. Freud. No importa.

Recuerdo que hace ya un tiempo el escritor Raúl García me habló de su proyecto de recomponer algunos mitos clásicos desde renovados enfoques. Algunas de estas relecturas, como aquella inolvidable en que se entrelazaran Teseo, el Minotauro y Ariadna, se pueden encontrar en su libro Calderilla. El libro de Carol Ann Duffy se sitúa en esta misma estela. Son muchos los poemas que de su libro me fascinan. Hay uno, sin embargo, que me resulta definitivo. Habíamos permanecido algunos --yo, por desgracia (maldito desde hoy sea Blanchot), he sido uno de ellos-- presos de la voz y la mirada de Orfeo. La autora me devuelve como en un relámpago, la voz de Eurídice. Como en sus ácidos Diálogos de los muertos hiciera Luciano de Samósata, Carol Ann Duffy nos ofrece la percepción de la muerta que descansa ya, harta de ser la Musa, harta de tanto músico y poeta.

PD.: Según el wikipedia, Duffy es Poet Laureate, es decir, poeta de la corte de Inglaterra, desde abril de 2009. Es la primera mujer y la primera persona abiertamente homosexual que obtiene el puesto.

martes, 22 de junio de 2010

Mujer barbuda

La Mujer salvaje / con barba, árabe /ejerce su dominio /en la tribu de los Derrotados, nómadas saqueadores /del nordeste de Calcedonia.
Boris Vian, "A pelo", en Barnum's Digest, trad. J.A. Tello.

jueves, 11 de marzo de 2010

Fisicidad de la palabra

F.T. Marinetti - Dune, parole in libertà .mp3
Found at bee mp3 search engine

jueves, 4 de marzo de 2010

domingo, 13 de diciembre de 2009

Lo común

"Como Madre Coraje, tenemos la misma guerra a la puerta, a dos pasos de nosotros, e incluso en nosotros mismos, la misma horrible ceguera, la misma ceniza en los ojos, la misma tierra en la boca. Tenemos el mismo amanecer y la misma noche: nuestra inconsciencia. Compartimos la misma historia —y ahi es donde empieza todo".
L. Althusser, "Bertolazzi y Brecht", en Pour Marx.

Últimas palabras del texto leído por J. Derrida en el entierro de su maestro L. Althusser.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

La sociedad del espectáculo

"Un curso no es una performance, y, en lo posible, es necesario no venir como a un espectáculo que encanta o decepciona, o incluso --¡pues existen los perversos!-- que encanta porque decepciona".
R. Barthes, La preparación de la novela. Notas de cursos y seminarios en el Collège de France, 1978-1979 y 1979-1980.

domingo, 25 de octubre de 2009

Mitologías



R. Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Invarianza

"Los códigos del amor cambian más rápidamente aún que los del lenguaje y de la dignidad de ser hombre. Lo que en cambio permanece inalterable es el miedo al conocimiento amoroso, el miedo a vivir, el terror profundo, imbécil, del eros, que conduce a la mortificación".
Pier Paolo Passolini, Respuesta a Duflot, 1975.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Cada cual carga con sus vicios

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar. / Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta. / Todo esfuerzo mío es una condena escrita;/ y está mi corazón --como un cadáver-- sepultado. / Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo. / Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire / oscuras ruinas de mi vida veo aquí, / donde tantos años pasé y destruí y perdí".

Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares. / La ciudad te seguirá. Vagarás / por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo / y en estas mismas casas encanecerás. / Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar --no esperes-- / no hay barco para ti, no hay camino. / Así como tu vida la arruinaste aquí / en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.
C. P. Kavafis, La ciudad.

jueves, 27 de agosto de 2009

Pólemos

"...no son las guerras otra cosa que operaciones lógicas diversas de determinación por dependencia y de definición de identidad, esto es, de establecimiento y salvaguarda de fronteras entre entidades que, para ser cada una lo que es y todas en conjunto todas, necesitan diferenciarse mutuamente, determinarse una por otra por regulación de mutua dependencia, quedar unas comprendidas dentro de otras según buena ordenación jerárquica, ocupar cada cual el puesto que en el conjunto le corresponde, y en la prosecución sucesiva del proceso, asimilar cada una a las otras o dejarse asimilar por otra, para, con la transformación, asegurarse de o bien seguir siendo la misma o bien desaparecer".
A. García Calvo, Razón Común. Edición crítica, ordenación, traducción y comentario de los restos del libro de Heráclito.

viernes, 21 de agosto de 2009

Iris

"No puedo ser ni quiero vivir sino en el espacio y en la libertad de mi amor. Juntos no somos el producto de ninguna capitulación, ni el motivo de ninguna servidumbre aún más deprimente. Por eso combatimos maliciosamente el uno contra el otro en una guerrilla sin reproche".
R. Char, Lettera Amorosa.

lunes, 29 de junio de 2009

Epistemología

"La política es la ciencia de la libertad. El gobierno del hombre por el hombre, cualquiera que sea el nombre con que se disfrace, es tiranía; el más alto grado de perfección de la sociedad está en la unión de orden y anarquía".
P.J. Proudhon, ¿Qué es la propiedad?, 1840.

viernes, 26 de junio de 2009

Contracorriente

"Regio es obrar bien y oír hablar mal de uno".
Marco Aurelio, Meditaciones, VII, 36.

lunes, 25 de mayo de 2009

Lección de historia

Tus pueblos han ardido y tus campos/ infecundos dan cosecha de hambre;/ rasga tu aire el ala de la muerte;/ tronchados como flores caen tus hombres/ hechos para el amor y la tarea;/ y aquellos que en la sombra suscitaron/ la guerra, resguradados en la sombra,/ disfrutan su victoria. Tú en silencio,/ tierra, pasión única mía, lloras/ tu soledad, tu pena y tu vergüenza.
L. Cernuda, Elegía española II.

Pablo Lópiz Cantó

Para una filosofía de la inmanencia