martes, 30 de abril de 2013

Ciclo de conferencias del Prof. Ramón Grosfoguel (U. de Berkeley)



Los próximos días 6 y 7 de mayo contaremos con la presencia del Profesor de Estudios Chicano/Latinos, del Departamento de Estudios Étnicos de la Universidad de Berkeley, California, Ramón Grosfoguel, en una serie de conferencias organizadas por el Departamento de Filosofía de la Universidad de Zaragoza.

LUNES, 6 DE MAYO

11:00h.
Sala Ángel San Vicente de la Facultad de Filosofía y Letras. U. de Zaragoza
Descolonizar el pensamiento postcolonial
Seminario abierto dentro de las actividades de la asignatura Pensamiento Postcolonial, del Departamento de Filosofía de la Universidad de Zaragoza

19:00h.
Espacio Treziclo (C/ Liñán, 8)
Habitar la zona del no-ser. Políticas decoloniales
Conferencia pública. Presentación a cargo del Prof. Pablo Lópiz (U. de Zaragoza). Colaboran: Colectivo por la diversidad afectivo-sexual Towanda y Toma la Filosofía

MARTES, 7 DE MAYO

11:00h.
Salón de Actos de la Biblioteca María Moliner. Facultad de Filosofía y Letras. U. de Zaragoza
Michel Foucault y la postcolonialidad

19:00h.
CSL. La Pantera Rossa (C/ San Vicente de Paul, 28)
Colonialidad Global y Descolonozación del Conocimiento
Charla-debate. Presentación a cargo del Prof. Luis Arenas (U. de Zaragoza). Colaboran: Centro Social Librería La Pantera Rossa y Toma la Filosofía





sábado, 2 de febrero de 2013

Ejercicio de política ficción

Hablar del futuro es necesariamente desplazarse hacia el terreno cenagoso de la ficción. La temporalidad es sólo actualización de la contingencia y apertura a lo inesperado. Escribir sobre el futuro se hace, como todo lo demás, en presente, aquí, ahora, de una vez y para siempre. Pero, por ello mismo, el presente, al menos desde el punto de vista analítico, no puede concebirse como instancia unidimensional. Cualquiera que, como yo, se haya formado en el materialismo lucreciano sabe que el presente se encuentra desdoblado en al menos dos dimensiones: el presente histórico, donde se congregan todas las determinaciones del pasado, a donde llegan y donde son todas la fuerzas, y se coagulan; y el presente, digamos, profético, actual o inactual, intempestivo, en todo caso el presente como indeterminación o clinamen, acontecimiento, libertad absoluta, no de la persona ni del sujeto, sino del Ser material. Natura naturata frente a Natura naturans, en la lección spinoziana. Presente-ser frente a Presente-devenir. Lo real-ahora como producto o lo real-ahora como producción, como emergencia. La dificultad insalvable a que se enfrenta el analista y, aquí, más en concreto el analista político, proviene del hecho irrevocable de que no se puede hablar con verdad acerca de esa dimensión de lo real que es proyección transformadora, construcción de futuro. Sólo a través de la descripción de las determinaciones que el pasado, lo que ya no es, impone sobre el presente se hace accesible, por escansión, como en una teología negativa, esa dimensión del presente que es por venir.
 
Cuando las fuerzas del pasado nos alcanzan, tal y como ocurre hoy, según coligaciones altamente conflictivas la percepción de la temporalidad como monotonía se disuelve, intensificándose la creencia en que se ha producido una apertura de los posibles. Más eso es mera creencia, delirio, pues lo posible no se dice en plural. Lo posible es, indefectiblemente, uno. No pueden pasar varias cosas. Sólo una. Cuál, eso permanece indeterminado, indecidible. Y, sin embargo, la construcción de ficciones políticas, asentadas sobre una analítica de lo que ya es, del presente histórico que está dejando de ser, supone una intervención directa sobre esa otra parte del presente que es devenir, actualización de un posible indeterminado. El lenguaje es acción. Performance constituyente. Modificación del ser material. Puede por ello merecer la pena tratar de responder a la pregunta por el futuro, nuestro futuro, ese en el que ya no seremos los mismos. Así, concedidas las precauciones, ¿qué va a pasar? Y, para responder, para nuestro ejercicio de ficción política, ¿qué está pasando? Y, más en concreto, especificando ya el interés que moviliza a este texto, ¿qué está pasando en el territorio acotado por  el Estado español? 

No hay espacio aquí, no es lugar éste, para hacer una descripción pormenorizada de la compleja multiplicidad de fuerzas que se coagulan y conforman nuestra actualidad política. Se puede, con todo, apuntar algunas líneas gruesas. El proceso de acumulación por desposesión que viene afectando al siempre fragmentado cuerpo social que habita el territorio español ha disparado al alza la intensidad de los conflictos no sólo entre los de abajo y los de arriba, diferencia ésta sin duda demasiado espesa que manejamos sólo por su utilidad. Sin duda, los promotores principales del actual proceso de acumulación de la riqueza colectivamente producida que se acostumbra a llamar crisis no son otros que los grandes capitales financieros desterritorializados. Estos tienen sus sedes de relativa seguridad, como Wall Street, la City londinese, etc.; pero, no pueden acometer su reproducción ampliada sino saliendo fuera de estas sedes, reterritorializándose en cualquier otra parte. Estos capitales se realizan de diversos modos, ya sea mediante financiación e inyección de capitales o mediante extracción de renta abstracta. En todo caso, gestionan los tiempos de abundancia así como los periodos de devaluación de los territorios bajo su dominio, de los territorios en que se posan.

Es obvio que vivimos en un periodo de fuerte devaluación. Durante este tipo de períodos el Estado cobra una importancia aún mayor que la que tiene en los periodos de abundancia crediticia. Por un lado, es instrumento esencial para llevar adelante la privatización de los bienes producidos colectivamente y las transferencias de riqueza desde los de abajo hacia los de arriba. Por otro, el control de los conflictos que puedan surgir durante estos procesos de desposesión requiere de un aparato militar-policial suficientemente efectivo. Las élites nacionales toman a su cargo la transferencia de riqueza hacia los que siempre fueron sus legítimos propietarios, los amos del dinero, el capital financiero.

Ahora bien, el Estado no es una máquina transcendente respecto del cuerpo social que actuaría sobre él desde arriba; al contrario, es más bien un efecto de superficie derivado  de la unidad más o menos coherente de una multiplicidad de pequeños dispositivos con funciones diversas. Pero si la unidad del Estado es, como se ha dicho, sólo más o menos coherente; actualmente asistimos a una lucha interna entre élites nacionales que se ha especificado con contundencia en el caso de la publicación de los sobresueldos en dinero negro repartidos entre miembros del Partido Popular y, entre ellos, a gran parte de los miembros del Gobierno del Estado, alcanzando al Presidente del Gobierno, quien se ha visto obligado a asegurar que lo publicado "es falso", y que no dimitirá. La descoordinación entre élites nacionales supone un fuerte deterioro de la capacidad del Estado para gestionar eficazmente los procesos de desposesión que ya están en marcha. Sabemos, entre otros motivos porque así ha sido afirmado explícitamente desde las más altas instancias, que el gobierno de Rajoy no gobernaba, en el sentido de que no decidía de modo soberano, sino que simplemente administraba según los imperativos de los grandes intereses internacionales y, muy específicamente, de los intereses de los capitales europeos y alemanes. El deterioro de su capacidad de gestión supone un riesgo para los intereses del capital financiero. La fragilidad del gobierno desactiva relativamente la función de mediación y pantalla que el Estado juega en el proceso de transferencia de riqueza y acumulación por parte de los capitales desterritorializados. Las resistencias de quienes están siendo desposeídos corren el riesgo de descontrolarse. 

En breve. Si la conflictividad se desarrolla entre los capitales internacionales desterritorializados y las poblaciones enmarcadas en un territorio, el Estado-nación juega un papel fundamental, en la medida en que traslada los intereses de las fuerzas deslocalizadas inscribiéndolas en el territorio concreto. La falla en la coherencia interna al Estado permite a las poblaciones desposeídas enfrentarse de manera más directa a quienes los desposeen. En esta coyuntura, aquí empieza la ficción, se pueden imaginar ciertos escenarios futuros. Sólo uno posible. O quizá ninguno. Quizá lo posible, no esté aquí imaginado. Pero, al menos a corto plazo, las opciones que somos capaces de imaginar son limitadas. Imaginemos, por tanto. El gobierno se mantiene a pesar de su escasa credibilidad y el fuerte deterioro de su legitimidad. Esto introduciría un grado de inestabilidad social y política que reforzaría las resistencias frente a la desposesión y facilitaría la continuidad de la construcción desde abajo de una potencia antagonista. El gobierno se disuelve y se convocan elecciones generales con el objetivo de recuperar la legitimidad parlamentaria. Sin duda, esto introduciría de manera inmediata una imprevisibilidad altísima de efectos difícilmente calculables. ¿Se recodificaría la conflictividad en términos partidistas y electorales, desactivándose posteriormente la potencia de los movimientos sociales? O bien, ¿se rearmaría según composiciones nuevas el proyecto de profundización democrática que se exige desde abajo? El gobierno se disuelve y el parlamento instaura un gobierno técnico, títere de los intereses del capital internacional y de los grupos de presión europeos. Esta opción, aunque pueda parecer que reduce la imprevisibilidad e instaura una administración estable al servicio de la desposesión, sin embargo tiene como debilidad insalvable su nula legitimidad democrática y permite a las poblaciones enfrentarse de modo directo con las élites europeas e internacionales, saltando así sobre el obstáculo de las élites nacionales. O quizá lo único posible es ya la disolución de las relaciones de explotación, la destrucción del Estado, el relumbrar de colectividades de democracia radical y autonomía, la exuberancia de formas productivas del común entre diferentes, a cada cual y de cada cual conforme a sus deseos.

En cualquier caso hay que tener ciertas cosas en cuenta que no porque sean más obvias es menos importante traer a la memoria. En primer lugar, recordar que, a pesar de la dureza de los conflictos que puedan darse entre élites nacionales o entre élites nacionales y élites internacionales, los intereses del capital priman; y, cuando estos peligran, las élites no pueden sino obedecerles y alcanzar acuerdos. Las contradicciones entre capitales no son tales, son sólo competiciones. Frente a un incremento en la conflictividad entre el capital y la vida, esas competiciones quedan en suspenso. Los disensos entre los poderosos se esfuman tan pronto como los sin-parte ponen en riesgo el proceso de acumulación ampliada de capital. A pesar de todo ello, a pesar de la, en el límite, inquebrantable unidad de clase de los capitalistas, o precisamente por ello, lo que está por venir no será definido sino a partir de la acción de los de abajo. Hay un movimiento de destitución del gobierno actual abierto. Qué fuerzas sean las que impongan la transformación decidirá quién tendrá ventaja en el siguiente escalón de la lucha. Si la modificación viene impuesta gracias al crecimiento de la tensión de las luchas populares, a la profundización en la organización autónoma y democrática de los movimientos sociales y al incremento cuantitativo de las potencias refractarias, el tiempo favorecerá a los desposeídos. 

No seré yo quien pretenda dar respuesta a la pregunta de origen leninista sobre qué hacer. Las fuerzas antagónicas al orden de desigual acumulación de poder y riqueza se despliegan siempre con independencia de las más o menos brillantes ideas de los que escriben. No sabría decir si sería mejor ir hacia una unidad de las luchas en un sólo frente concentrando con ello las fuerzas en un punto estratégico o conducir la conflictividad más bien hacia la dispersión de las luchas y los grupos en favor del desorden guerrillero. Tampoco si resulta oportuno alentar formas más explícitas de antagonismo activo u optar por mantener el proceso de acumulación numérica que hasta ahora han facilitado las políticas de un conflicto de baja intensidad. No sé muchas cosas. Ni falta que hace. No me corresponde a mí, porque no le corresponde a ningún particular, decidir en qué línea de fuga cabalgará el antagonismo. Eso habrá de ser una decisión colectiva, producto común porque elaborado entre todas las fuerzas resistentes implicadas, a través de sus acuerdos tanto como de sus desacuerdos. Pero sí creo saber una cosa. Que la cosa va en serio. Que, al final, lo que permitirá la salida virtuosa será fundamentalmente una cuestión de actitud. Desprendernos de lo que en nosotras pueda haber de naíf, abandonar esa pose de inocentes que no es sino expresión de estupidez, de impotencia, es un imperativo inexcusable de nuestras luchas. En juego está nuestro bienestar. Nuestra vida. La de todas. La de ninguna. Nuestra vida-en-común. La de cualquiera. Hay que jugar a ganar. La hora es propicia. Las consignas son las mismas de siempre. No hacer prisioneros. No tener piedad con el enemigo.


martes, 15 de enero de 2013

G. Canguilhem homenajea a Jean Cavaillès

En estos tiempos oscuros en los que la enseñanza de la filosofía está, una vez más, en riesgo, me entretengo en la traducción, seguro imperfecta, de uno de esos textos que, desprendiendo una luz extraña, acompañan, no la escritura, sino la vida. Del texto que, en 1969, en una defensa escasamente velada de Foucault frente al ataque de los sartreanos, Georges Canguilhem dedicase a la memoria de su compañero en la Resistencia, el filósofo Jean Cavaillès:

"Contar lo que he visto y conocido de Jean Cavaillès tras nuestro encuentro en la Escuela Normal Superior sería demasiado largo. Al abreviarla, esta materia se volvería insignificante. 

Así que contaré simplemente qué idea me hago de la relación entre su persona y su acción en la Resistencia. Antes que nada, insisto sobre el hecho de que, para Cavaillès, la Resistencia ha sido un imperativo puro y simple, sin mezcla. No ha sido uno de esos que ha respondido a un Llamamiento porque esperaba un Llamamiento. No era un fuera de la ley por razones raciales o políticas. Él ha elegido la Resistencia con plena libertad de decisión y, sin embargo, de acuerdo a una exigencia que le habitaba. Probemos a explicar porqué. 

Cavaillès fue un filósofo del rigor. Para él la filosofía se emparentaba antes con las matemáticas que con la literatura. Pensaba que filosofar es demostrar más bien que hacer confidencias sobre la propia subjetividad. 

Cavaillès era un buen conocedor de la situación alemana en los años treinta. Había vivido en Alemania como becario de la fundación Rockefeller. No ignoraba ninguna de las causas, motivaciones ni objetivos del nazismo. 

Cavaillès era de origen protestante e hijo de oficial. Siendo estudiante, no compartía las opiniones antimilitaristas y pacifistas de muchos de entre nosotros en esa generación. 

Sabido esto, podemos comprender que Cavaillès ha sido Resistente por lógica. La deducción es fácil. Y porque él la ha conocido, no es imaginaria. El nazismo era inaceptable en la medida en que era la negación, salvaje en lugar de erudita, de la universalidad, en la medida en que anunciaba y buscaba el fin de la filosofía racional. Así pues, la lucha contra lo inaceptable era ineluctable. Y por lucha no hay que entender la indignación cuchicheada en los pasillos, el boca a boca patriótico ni el buzoneo de octavillas reivindicativas. Por lucha hay que entender el combate con las armas en la mano. Y por armas, todas las armas. He aquí pues un intelectual que, sin coacción en lo que se refiere a su situación personal, por una elección totalmente libre, se hace jefe de red, en primer lugar y siempre pagando con su persona, jefe de agentes de información, de artificieros, de saboteadores. Un jefe ejecutante, un filósofo terrorista: he aquí Cavaillès. La fachada de profesor de lógica de la Sorbona tras la cual disimula al principio la única actividad que tiene en el corazón no dura mucho. En adelante, la única actividad filosófica de este lógico se ejercerá en prisión, en un campo de internamiento francés del cual, por otro lado, se evade para retomar donde la había dejado la lucha clandestina que entrañará de nuevo su arresto, pero esta vez por los alemanes, y esta vez definitivamente. La lógica es implacable. En la tenacidad de Cavaillès hay algo aterrador. Es una figura única. Un filósofo matemático cargado de explosivos, lúcido y temerario, resuelto pero sin optimismo. Si eso no es un héroe, ¿qué es un héroe? 

Hablar de él no tiene lugar sin cierto sentimiento de vergüenza, puesto que, si se le ha sobrevivido, es porque se ha hecho menos que él. Pero si no se habla de él, ¿quién sabría diferenciar entre ese compromiso sin reservas, entre esa acción sin retaguardia, y la Resistencia de esos intelectuales resistentes que hablan tanto de sí mismos porque sólo pueden hablar de su Resistencia, de tan discreta que fue? 

Actualmente, algunos filósofos ponen el grito en el cielo, indignados, porque algunos otros filósofos han formado la idea de una filosofía sin sujeto personal. La obra filosófica de Cavaillès puede ser invocada en apoyo a esta idea. Su filosofía matemática no ha sido construida por referencia a ningún sujeto susceptible de ser momentánea y precariamente identificado con Jean Cavaillès. Esta filosofía de la que Jean Cavaillès está radicalmente ausente ha comandado una forma de acción que le ha conducido, por los estrechos caminos de la lógica, hasta ese pasaje de donde no se vuelve. Jean Cavaillès es la lógica de la Resistencia vivida hasta la muerte. Ojalá los filósofos de la existencia y de la persona procedan del mismo modo la próxima vez, si pueden".
Georges Canguilhem, "Commémoration a l'ORTF. France-Culture, 28 octobre 1969", en Vie et Mort de Jean Cavaillès, Paris, Editions Allia, 2004. 

domingo, 6 de enero de 2013

Otro que se fue a ningún lado

Anoche estuve viendo de nuevo La vida de los otros, la brechtiana película del guionista y director Florian Henckel von Donnersmarck que ganase, entre otros muchos premios, el Óscar a la mejor película extranjera en 2007. Cualquiera que la haya visto sabrá lo esencial del argumento: no voy a resumirlo aquí. Sólo recordar que la acción comienza en 1984, mientras Alemania está dividida por el muro, en el Berlín Oriental. Que entonces la Stasi vigilaba con cuidado cada movimiento y cada palabra de los ciudadanos. También, por supuesto, de intelecutales y artistas. Que, cuando no los encarcerlaba, dejaba sin trabajo y en la desesperación a todos aquellos que no consentían agachar la cabeza ante el Partido. 

Pero, insisto, no quiero resumir aquí la película ni aún siquiera describir la atmósfera de gris opresión que reinaba aún en los años ochenta al otro lado del telón de acero. Me interesa, sin embargo, llamar la atención precisamente sobre aquello que en la narración fílmica queda oculto, un texto en torno al cual gira toda la trama y del cual apenas sí conocemos las primeras líneas y, yo a partir de los subtítulos en español, dos versiones prácticamente idénticas del título: Sobre uno que se fue al otro lado y Uno que se fue al otro lado. Sabemos también que su autor no pretende que sea un artículo de agitación política, sino un texto literario. Esas primeras líneas del escrito que para el periódico de la República Federal Alemana Der Spiegel redactara el personaje de Georg Dreyman dicen así:
"El Departamento de Estadística de la calle H... lo cuenta todo, lo sabe todo. Cuántos zapatos me compro al año: 2.3; cuántos libros me leo al año: 3.2; y cuántos alumnos aprueban secundaria con sobresaliente al año: 6.347. Pero hay una cosa que no cuentan, porque incluso a los burócratas les resulta dolorosa: los suicidios. Si llamas a la calle W... para preguntar a cuánta gente en todo el país la desesperación llevó al suicidio, nuestro oráculo calla y probablemente anote tu nombre y apellidos para la seguridad del Estado, esos hombres grises que en nuestro país salvaguardan la seguridad y la felicidad. En 1977 nuestro país dejó de contar las muertes por suicidio. Los llamaron autoasesinatos, pero no son en absoluto asesinatos. No tienen que ver con el gusto por la sangre ni con la pasión desatada, sino con la muerte, la muerte de toda esperanza. Cuando dejamos de contar hace nueve años sólo había un país en Europa con mayor índice de suicidios, Hungría. Detrás íbamos nosotros, la tierra del socialismo real. Uno de los no contabilizados es Albert Jerska, el gran director. De él quiero hablar hoy".
El título del artículo, obviamente, juega con el significado ambiguo de la expresión "se fue al otro lado". La expresión, usada más habitualmente para referir el éxodo de tantos hacia el Occidente capitalista, señala aquí esa forma de fuga hacia ninguna parte que el suicidio dibuja. Nosotros, que habitamos un mundo en el que no queda Oeste al que ir, a cuántos más tendremos que ver saltar el muro antes de hacer caer este orden asesino.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Occupy Sandy vs. 121212concert

No entiendo nada. Es tarde. Enciendo la televisión. Sundance Chanel. 121212concert. Chicos, I really don't understand a shit. O lo entiendo demasiado bien. Tras la devastación de Nueva York y Nueva Jersey por el huracán Sandy los habitantes de la primera potencia económica del globo tienen que llevar a cabo un concierto benéfico mendigando dinero al resto del mundo, a los particulares del resto del mundo. Ya que lo hacen, lo hacen a lo grande. Están todos los clásicos que uno querría escuchar en directo junto a muchas de las estrellas del cine que abarrotan nuestro imaginario. Suena Bruce Springsteen. En breve van a tocar los Rolling Stones. Y uno se pregunta dónde diablos está el Estado garantista. Lo sabemos. Muerto. Se ha transformado en una simple máquina de extracción de renta al servicio de capitales desterritorializados.

Y probablemente los beneficios del concierto benéfico pasen por el mecanismo financiero antes de ir a parar a las poblaciones afectadas. David Harvey lo planteaba hace ya un tiempo: "La transición a una nueva estructura hegemónica en el capitalismo global coloca a Estados Unidos ante la disyuntiva de gestionar la transición de manera pacífica o bien a través de la catástrofe. La actual posición de las élites gobernantes estadounidenses apunta más en esta última dirección". (D. Harvey, Breve historia del neoliberalismo, Madrid, Akal, 2009, p. 216). Lo que Harvey no parecía prever es que la catástrofe a través de la cual gestionar la transición hacia una nueva hegemonía tuviera como lugar preferente el centro del sistema-mundo capitalista. Primero Nueva Orleans, luego el resto del mundo.

El presentador compara el huracán Sandy con el terrorismo. Todo nos hará más fuertes, dice, el muy imbécil. Porque él lo vale, porque él es de Jersey Shore. No ha visto la destrucción ideológica y existencial que pone cada semana en escena el reality show nominado a partir de su lugar de residencia. Se han vuelto locos. Del todo. Alaba a los policías, a la Guardia Nacional, que, delira, ayudaron todo cuanto pudieron. Salvaron treinta y seis personas, puntualiza. Buen trabajo, insiste. Se han vuelto locos. Sus casas de madera sin cimientos, sus caravanas que aquí llamaríamos chabolas, todo se ha venido abajo. Arrasado por la lluvia y el viento. Pero el público grita extasiado. Y Eric Clapton canta. Y la pantalla no deja de emitir mensajes con números telefónicos a través de los cuales claman por la beneficencia.

Y, a estas horas de la noche, uno pensaría que está todo perdido. Pero, entonces, le viene a la mente el grupo de activistas que desde Occupy Sandy ha tratado de acometer un nuevo modo de gestión de la catástrofe. Una gestión de la catástrofe que no aboca hacia otra hegemonía sino, más bien, hacia la construcción del común. No a través de la caridad. Al contrario. Mediante la ayuda mutua. Conforme a la construcción de alianzas productivas. Hablo desde la distancia. Atravesado de ignorancia y con dificultad para entender lo que ocurre allí tan lejos. Seguro me equivoco. Pero, sinceramente, las imágenes de solidaridad épica que se proyectan desde mi pantalla sólo me parecen una forma, otra más, de subsumir la resistencia y el trabajo cooperativo de la multitud bajo la dinámica capitalista. Quiero ir a Nueva York, mas no a este que ahora se dirige a mi sentimentalidad y a mi retina. Verdaderamente no entiendo nada.

3:50 horas.
Zaragoza, 13 de diciembre de 2012. 

viernes, 18 de mayo de 2012

Toma la filosofía

Vivimos tiempos extraños. El capitalismo financiero se parece cada vez más a Saturno devorando a sus hijos, el 15M llena las plazas y las vacía según ritmos imprevisibles, la multitud bulle, el rechazo a las formas políticas instituidas se intensifica. Una multiplicidad de conflictos parece haber estallado. En todos los órdenes. También en el de la teoría y los conceptos. Toma la filosofía pretende ser un gesto en este combate abierto, la oportunidad para la creación de un lugar en el que pensar-juntos, nosotros, el 99%.


Las sesiones tendrán lugar, a partir de las 19:30 horas, en el CSL La Pantera Rossa, durante los días 31 de mayo y 1 de junio. Estarán conducidas por Marina Garcés y Pablo Lópiz la primera, y por J.L. Rodríguez García y Joaquín Fortanet la segunda.

martes, 9 de agosto de 2011

Mensaje entrecortado...

...de un insurgente a sus compañeros de Londres:

"Si tuviéramos que decidir ahora sobre si era o no conveniente empuñar las armas, incendiar y saquear las casas de nuestros conciudadanos... yo sería uno de los que estimaría que había que pensarlo bien y quizá hasta aprobaría que se prefiriera una tranquila pobreza a una peligrosa ganancia. Pero, puesto que las armas las hemos empuñado ya y se han cometido muchos desmanes, me parece que lo que debemos pensar es que no hay por qué abandonarlas ya y cómo podemos hallar defensa para los males que se han cometido. Yo creo sin ningún género de dudas que esto, aunque no nos lo diga nadie, nos lo dice nuestra misma necesidad. Estáis viendo a toda esta ciudad llena de rencores y de odio contra nosotros... Podéis creer que se traman lazos contra nosotros y que se aprestan fuerzas contra nuestras cabezas. Debemos por tanto tratar de obtener dos cosas y proponernos dos fines en nuestras deliberaciones. El primero es que no se nos pueda castigar por lo que hemos hecho en los días pasados; y el segundo, que podamos en adelante vivir con más libertad y más satisfacción que en el pasado; nos conviene por tanto, según mi parecer, si queremos que se nos perdonen los anteriores desmanes, cometer otros nuevos, redoblando los daños y multiplicando los incendios y los saqueos, y apañándonos para tener muchos más cómplices, porque, cuando son muchos los que pecan, a nadie se castiga; y a las faltas pequeñas se les impone una sanción, mientras que a las grandes y graves se les da premios. Por otra parte, cuando son muchos los que padecen atropellos, son pocos los que tratan de vengarse, porque los daños que afectan a todos se soportan con más paciencia que los particulares. El aumentar, por tanto, los males nos hará perdonar más fácilmente y nos dará la posibilidad de conseguir lo que deseamos obtener para nuestra libertad. Y me parece que vamos hacia seguros resultados, porque los que podrían oponérsenos están desunidos y son ricos. Su desunión nos dará la victoria; y sus riquezas, una vez que sean nuestras, nos servirán para mantener dicha victoria. No os deslumbre la antigüedad de su estirpe, de la que presumen ante nosotros, porque todos los hombres, habiendo tenido un idéntico principio, son igualmente antiguos, y la naturaleza nos ha hecho a todos de una idéntica manera. Si nos quedáramos todos completamente desnudos, veríais que somos iguales a ellos; que nos vistan a nosotros con sus trajes y a ellos con los nuestros y, sin duda alguna, nosotros pareceremos los nobles y ellos los plebeyos; porque son sólo la pobreza y las riquezas las que nos hacen desiguales. Me duele mucho porque veo que muchos de vosotros se arrepienten, por motivos de conciencia, de las cosas hechas, y quieren abstenerse de las que vamos a acometer. De verdad que, si eso es cierto, vosotros no sois los hombres que yo creía que erais. Ni la conciencia ni la mala fama os deben desconcertar, porque los que vencen, sea cual sea el modo de su victoria jamás sacan de ésta motivos de vergüenza. En cuanto a la conciencia, no debemos preocuparnos mucho de ella porque donde anida, como anida en nosotros, el miedo del hambre y de la cárcel, no puede ni debe tener cabida el miedo del infierno. Y es que, si observáis el modo de proceder de los hombres, veréis que todos aquellos que han alcanzado grandes riquezas y gran poder, los han alcanzado o mediante el engaño o mediante la fuerza; y, luego, para encubrir lo ilícito de esa adquisición, tratan de justificar con el falso nombre de ganancias lo que han robado con engaños y con violencias... Se debe, pues, emplear la fuerza siempre que se presente la ocasión; y esa ocasión no nos la puede ofrecer mejor la fortuna, estando como están desunidos todavía los ciudadanos... De este modo, o quedaremos enteramente dueños de esta ciudad o conseguiremos una parte importante de ella, que no solamente se nos perdonarán las faltas pasadas sino que tendremos fuerza suficiente para poder amenazarlos con nuevos daños... Además yo creo que, cuando vemos que nos preparan cárceles, tormentos y muerte, es más peligroso estarse quietos que el tratar de librarse de ellos, porque en el primer caso los males son seguros mientras que en el segundo son solo posibles. ¡Cuántas veces os he oído quejaros de la avaricia de vuestros superiores y de la injusticia de vuestros magistrados! Ahora es el momento no solamente de libraros de ellos, sino incluso de poneros tan por encima de los mismos, que sean más bien ellos los que tengan que quejarse y dolerse de vosotros, que no vosotros de ellos. Las oportunidades que la ocasión nos brinda pasan volando y, una vez que han pasado, es inútil que tratemos luego de alcanzarlas. Ya veis los preparativos de vuestros enemigos. Adelantémonos a sus planes..."

Arenga de un miembro anónimo de la plebe durante la revuelta de los Ciompi, en Florencia, en 1378. Cf. N. Maquiavelo, Historia Florentina, Libro III, cap. XIII. He usado la traducción de Félix Fernández Murga, de la selección de textos que editase Capitan Swing bajo el título de Florencia Insurgente.