lunes, 26 de enero de 2009

Ateología

La cuestión es sencilla. De lógica básica. Toda afirmación de existencia ha de ser demostrada para poder ser considerada válida. Sirvan de ejemplo afirmaciones tales como "los burros con alas existen", o "dios existe". Ahora bien, no ocurre lo mismo con las afirmaciones de inexistencia. Estas, al contrario, tienen validez por sí mismas y mientras no sean falsadas. Los ejemplos resultan de nuevo reveladores. Los burros con alas no existen. Tampoco dios. Y nada tiene esto que ver con cuestión alguna de probabilidad. La creencia en burros alados o dioses diversos sigue siendo un atentado a la racionalidad. Mera estulticia.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

discrepo aun siendo argumento razonable razonado y casi acabado, soy creyente,abrazos adolfo

Drywater dijo...

De acuerdo. Los plateros y los pegasos no existen. No hemos visto ninguno, pues no hay. Sin embargo, por mucho más contundente que sea la negación frente a la afirmación, y que no necesite demostración alguna, es complicado trasladar la cuestión al terreno teológico, porque nunca se ha sustentado en verdades incontestables, tangibles y físicas. La religión siempre ha sido una mentira piadosa, una consigna alienante o una verdad indemostrable. Déjame que me suba al carro de la duda agnóstica, que mi necedad me impide rotundizar como tu dices. Y un abrazo.

Pablo Lópiz Cantó dijo...

Queridos amigos desconocidos. Gratificado por el disenso, insisto en la problemática.
Un abrazo a ambos, Adolfo y Drywater.

Pablo Lópiz Cantó

Para una filosofía de la inmanencia